sábado, 23 de noviembre de 2013

HOY PARIÓ (Carlos Amador Marchant, 1955)


Hoy parió una gata en un rincón de mi casa.
Debe haber llegado a oscuras
desde muchos otros tejados humildes y lejanos. La vi
cuando el sol comenzaba a iluminar la tierra. Ahí estaba
pálida, taciturna, convaleciente.
No reaccionó ante mi presencia
más bien parece haberme narrado con su mirada ingrávida
toda su desesperante aventura. Yo la miré,
y ante mi mirada un maullar suave
estremeció las paredes del patio.
La desconocida, tal vez a las tres, cuatro o cinco de la madrugada,
barrió con todo lo que encontró a su paso: camisas,
trapos, calcetines, diarios viejos. Todo
quedó húmedo y ensangrentado.
Y ante mi asombrada e insistente mirada, pareciendo
comprender la exactitud de las cosas,
cogió de uno en uno
a sus tres cachorros
para llevarlos a un paseo por la vida.

jueves, 14 de noviembre de 2013

AL AMOR DE LA LUMBRE (Carlos Pezoa Véliz, 1879-1908)

                                                                                       A la señora Dolores Endeyza de Silva.


Junto a las grutas de las quebradas
donde las aguas alborotadas
charlan de asuntos si ton ni son,
hay una casa de corredores
donde hay palomas tiestos con flores,
y enredaderas en el balcón.

Es una casa de tres ventanas
donde la madre luce sus canas
como argumento de algo gentil,
y unos modales llenos de gracia
que hacen más grave la aristocracia
del aire místico y señoril.

Si fueran cosas de tiempo antiguo,
más de una oda de metro exiguo
hubiera escrito Fray Luis de León,
sobre la dama de blanco pelo,
sobre las dichas que allá en el cielo
tendrán los buenos de corazón.

Y en verdad digna es de verso y prosa
la blanca mesa, la blanca loza,
la porcelana de albo matiz,
los cuchicheos, los tenues corros
y el agua alegre que salta a chorros
por una enorme llave matriz.

Es una dicha que causa pena...
La broma alegre, la charla amena
y allá en el piano, la, si, do, re...
Los besos largos, las risas claras
y el tintineo de las cucharas
sobre las blancas tazas de té.

Unos comentan el cuento charro;
éste que piensa fuma el cigarro
mirando el humo subir, subir.
Hace proyectos mientras bosteza
y ve en las brumas de su pereza
las alegrías que han de venir.

La madre cose; la joven piensa;
la chica enreda su oscura trenza;
los grandes hurgan temas de amor.
Y si a la larga se ponen tristes,
el más alegre cuenta unos chistes
que a todos ponen de buen humor.

Mientras, las flores pueblan la mesa
y la bandeja de plata gruesa
y las cajitas donde hay café,
en cuyas clásicas etiquetas
hay unos chinos que hacen piruetas
sobre cajones llenos de té.

En los jarrones de porcelana
hay una torre y una campana
que casi, casi repica ya...
un cuadro antiguo, colgado al muro,
y en él un gesto grave y seguro
sobre el retrato del buen papá.

Si allá un piloto maniobras manda,
los chicos todos en la baranda
piensas: ¿a dónde va el bergantín?
...Y sopla el viento del mediodía
y una brumosa melancolía
vacía en el aire vahos de esplín.

En las heladas tardes de invierno
se leen libros de arte moderno
o alguna charla de Pedro Gil;
oye la dama de pelo cano,
callado el viento, callado el piano,
y Paderewsky sobre el atril...

Cuando en las noches hay aguacero,
niños y gatos junto al brasero
oyen La lámpara de Aladín;
cuentos de negros duchos en bromas,
niñas que un hada volvió palomas
o gigantones con piel de espín.

...Suenan las doce; la madre reza;
hay en los cielos mucha tristeza,
abajo un vaho sentimental
mientras que enfermas de hipocondría
cantan las ranas su letanía
allá en la orilla de un manantial.

Sueñan los niños que allá en la gloria
hay una inmensa preparatoria
donde Dios hace de preceptor;
y que en las clases, de traje blanco,
a cada uno pone en el banco
una corneta con un tambor.

sábado, 26 de octubre de 2013

BASTA SEÑORA ARPA DE LAS BELLAS IMÁGENES (Vicente Huidobro, 1893-1948)


      Basta señora arpa de las bellas imágenes
      De los furtivos cosmos iluminados
      Otra cosa, otra cosa buscamos
      Sabemos posar un beso como una mirada
      Plantar miradas como árboles
      Enjaular árboles como pájaros
      Regar pájaros como heliotropos
      Tocar un heliotropo como una música
      Vaciar una música como un saco
      Degollar un saco como un pingüino
      Cultivar pingüinos como viñedos
      Ordeñar un viñedo como una vaca
      Desarbolar vacas como veleros
      Peinar un velero como un cometa
      Desembarcar cometas como turistas
      Embrujar turistas como serpientes
      Cosechar serpientes como almendras
      Desnudar una almendra como un atleta
      Leñar atletas como cipreses
      Iluminar cipreses como faroles
      Anidar faroles como alondras
      Exhalar alondras como suspiros
      Bordar suspiros como sedas
      Derramar sedas como ríos
      Tremolar un río como una bandera
      Desplumar una bandera como un gallo
      Apagar un gallo como un incendio
      Bogar en incendios como en mares
      Segar mares como trigales
      Repicar trigales como campanas
      Desangrar campanas como corderos
      Dibujar corderos como sonrisas
      Embotellar sonrisas como licores
      Engastar licores como alhajas
      Electrizar alhajas como crepúsculos
      Tripular crepúsculos como navíos
      Descalzar un navío como un rey
      Colgar reyes como auroras
      Crucificar auroras como profetas
      Etc. etc. etc.
      Basta señor violín hundido en una ola ola
      Cotidiana ola de religión miseria
      De sueño en sueño posesión de pedrerías.

miércoles, 2 de octubre de 2013

OSCURIDAD HERMOSA (Gonzalo Rojas, 1917-2011)


      Anoche te he tocado y te he sentido
      Sin que mi mano huyera más allá de mi mano,
      Sin que mi cuerpo huyera, ni mi oído:
      De un modo casi humano te he sentido.
      Palpitante,
      No sé si como sangre o como nube errante,
      Por mi casa, en puntillas, oscuridad que sube,
      Oscuridad que baja, corriste centelleante.
      Corriste por mi casa de madera
      Sus ventanas abriste
      Y te sentí latir la noche entera,
      Hija de los abismos, silenciosa,
      Guerrera, tan terrible, tan hermosa
      Que todo cuanto existe,
      Para mí, sin tu llama, no existiera.

martes, 10 de septiembre de 2013

PERO NO FUERON ARROLLADOS NUESTROS SUEÑOS (Mario Contreras Vega, 1947)


Sólo que aprendimos a ocultar la voz para llamarlos;
a reconocerlos
por palabras cruzadas que no todos entendían,
(pues aferrados estábamos al débil junco de los ríos
mientras el agua hacia el abismo intentaba arrojarnos...)
Así sobrevivimos:
puliendo piedrecillas para ahuyentar las horas
y por dentro deshechos como leño en la ciénaga.

miércoles, 7 de agosto de 2013

NUESTRO PORTAAVIONES A VELA EL ATOLÓN LUCIFERINO (Diego Maquieira, 1951)




Después de haber dejado sollozos a los milenaristas

columpiándolos por un rato sobre los decorados

enfriamos los Harrier rumbo a guardarlos

a nuestro lujoso paquebote en medio del mar

El Atolón Luciferino con sus novecientos

metros redondos de telones

abrían los ojos a la belleza

Fue una recepción sin atentados y sin represalias

Llegamos con atados de clonas y con sacos de alcohol

Yo traía mi reposacabeza y mi sillón ampliado

para regalárselo al ministro Coritani

que nos esperaba con animales salvajes sueltos

en cubierta que parecía un desfile de abrigos

de pieles. Fue una gentilidad del Premier

habernos puesto un coche con capota de seda

tirado por cañones españoles que los druidas

usaban como monopatines.

Nada raro seguíamos chupando como feligreses

y bajábamos a abrazar a nuestros aliados

Entramos besando y festejando a las nobles familias

Genovese, Gambino, Lucchese, Colombo, Bonanno

Los alojados estrella a bordo del Luciferino

y de una alegría que los bolas milenaristas

desconocían y le temían como a sus demonios

Ma mientras nos venían rastreando unos buzos

que entonces interceptamos con esparcimiento

y les dejamos ver el momento en que saltamos

en mulas por los lados del portaaviones al mar

a bautizar a las clonas y a llenarlas de gozo

Nos quedamos ahí montándolas en medio del mar

hasta que subimos a echarnos a los toldos

de la privacidad.

lunes, 15 de julio de 2013

DIÁLOGO (Juan Negro, 1906-1979)

El mar me estaba esperando
con sus ojos muy azules
y su cesta de pescado.
¡Ay, amada!, desconfía
que entre sus redes de espuma
te quiere dejar cogida.
El mar me rita que vaya
para regalarme un cofre
de madreperlas doradas.
Verás los regalos míos.
Collares de suave luna
y de oro brillantes anillos.
Yo solo quiero un coral.
El que florece en la gruta
más honda que tiene el mar.
Si lo deseas, mi amada
al punto lo iré a buscar