martes, 7 de agosto de 2018

LUNES (Catalina Espinoza, 1987)

¿Ha querido usted lanzarse a los autos?

extrañamente se siente eso
cuando se mira por este pedazo de ventana
hacia el pasaje que nos tocó.
Este que no colinda
con ninguna avenida principal
y una va pensando en el vacío.
Ya no se siente nada en esta calle
ni luminarias quedan.
Alguna vez fuimos de las madres
que hacen el aseo por la noche
pero de nada sirve andar limpiando vidrios
llenos de sangre tras las fiestas.
Hemos sido tendidas en tendedero ajeno
y por no amamantarlos como es debido
mordisqueadas por los perros de la calle
por eso nos han salido niñas
enfermas entre las caderas.
Me resuena esta mano que me falta
en el cuerpo que me sobra
y así no se puede seguir barriendo la casa.
Guardo los platos servidos
dentro de cajones con ropa
para que por todas las partes
se metan a comerme, pero
ni hormigas ni gusanos se arriesgan
a este cuerpo muerto por el tedio.
He sido regada por la tierra:
enterrada entre piedras
y en peladeros anónimos
donde las vecinas crían a sus hijas
armé mi animita padeciendo
el dolor de las moscas.
Entonces
no me venga a decir
que nunca ha querido lanzarse a los autos
que yo la he visto a usted
regar sus plantas muertas
lavar sus platos rotos
acariciar a sus hijas enfermas
sentarse en el paradero
solita solita
sin nada que esperar.

domingo, 24 de septiembre de 2017

1970 (José G. Martínez Fernández, 1949)





De vez en cuando vuelvo a ti 
Comparto tus silencios 
y tu inútil sonrisa 

Entonces era 1970 
Y cosechábamos esperanzas 
Se gritaba en las calles 
Se podía disentir 

Yo no te amaba 

O quizás 
Pero te quería 
Lo juro 
Te quería para la cama 

Porque tú no podías pensar 
que podías tú pensar 
Y ser como los pájaros 
Pero vivías como pájaro 
Hecho increíble 
porque estábamos en 1970 

Hoy te lo perdonaría. 

(Publicado por primera vez en 1982) 

martes, 18 de abril de 2017

NO TE AMO, AMO LOS CELOS QUE TE TENGO...(Armando Uribe Arce, 1933)


               

No te amo, amo los celos que te tengo
son lo único tuyo que me queda,
los celos y la rabia que te tengo,
hidrófobo de ti me ahogo en vino.

No te amo, amo mis celos, esos celos
son lo único que me queda.
Cuando desaparezca en esos cielos
de odio te ladraré porque no vienes.

sábado, 21 de enero de 2017

EL HOMBRE COTIDIANO (Rolando Cárdenas, 1933-1990)



Hay un gesto cotidiano que nos dice:
hay un modo de estar que nos delata,
y siempre el tiempo que nos recuerda quiénes somos.

Se nace una mañana empapado de alba
después de recorrer la infancia más remota,
después de volver del colegio
comiendo una naranja lentamente,
sin fijarse mucho si estamos sobre un puente,
sin ver apenas cómo alas dibujan el paisaje.

Nos sacamos nuestra máscara de sueño
para penetrar en el día. De pronto recordamos
que hay cosas que decir
sin importancia alguna,
copiar actitudes como ante un espejo
de una manera implacable,
para ser una vez más fantasma entre fantasmas.

Entonces nuestra tristeza nos recuerda
que alguna vez podemos herir el día con el grito,
para arrojar entre ruinas ese lento morir,
más breve aun que la luz en el agua.
Que podemos liberarnos de esas cosas antiguas
que siempre se suceden cansadas como siglos,
y que se puede resucitar la lluvia entre las piedras,
y siempre nuestro olvido,
sin necesidad de esperar las estrellas
para buscar en el diccionario la palabra extraviada.


sábado, 31 de diciembre de 2016

LA CASA MUSGOSA (Efraín Barquero, 1931)


 
Crezcan junto a mí las plantas de humedad,
de rostros pesados de silencio.
Acompáñenme las orejas temblorosas
de las enredaderas alargadas.
Pongan los hongos el huevo del invierno,
y los helechos se alimenten de mi sombra,
y las palmas me muerdan con su boca gruesa,
manchando mi cuerpo como la piel de una culebra.
 
Musgo quiero, y ninguna otra piel orgullosa.
Musgo denso, y ningún otro enfermo terciopelo.
Musgo doloroso como una frente honda.
Y respirado apenas, como una boca de piedra.
 
Sea todo un crecer a la sombra de mi casa.
Y mi mano se vuelva cada vez más ciega,
para andar sin romper su silencio.
Sea el tiempo como un árbol herido.
Sea el aire como un gran tajo abierto.
Sea el cielo como una yema redonda.
Y mi rostro no asombre. Y mi voz no intimide.
Como un profundo y ciego injerto,
que entrará en la carne palpitante del mundo,
llorando de hermosura verde.

lunes, 28 de noviembre de 2016

EN LA CASA DE ZULEMA HUAIQUIPÁN (Jaime Huenún, 1967)


Junto al río de estos cielos
verdinegro hacia la costa,
levantamos la casa de Zulema Huaiquipán.
Hace ya tantas muertes los cimientos,
hace ya tantos hijos para el polvo
colorado del camino.
Frente al llano y el lomaje del oeste,
levantamos la mirada de mañío
de Zulema Huaiquipán.
Embrujados en sus ojos ya sin luz
construimos las paredes de su sueño.
Cada tabla de pellín huele a la niebla
que levantan los campos de la noche.
Cada umbral que mira al río y los lancheros
guarda el vuelo de peces y de pájaros.
Bajo el ojo de agua en el declive
donde duermen animales de otro mundo
terminamos las ventanas.
Y en la arena hemos hincado nuestras sombras
como estacas que sostienen la techumbre
de la casa de Zulema Huaiquipán.

sábado, 29 de octubre de 2016

NADIE (Gonzalo Millán, 1947-2006)


Las calles están silenciosas
y desiertas. Solamente cruzan
las sombras de los árboles.
No se oyen pájaros, bocinas,
ni siquiera el motor inminente
de un auto siempre aproximándose.
Los ascensores, las escaleras
y pasillos de los edificios, vacíos.
En una cocina un charco
en torno al refrigerador
que de deshiela
con sus bandejas desnudas
y la puerta abierta.
Conservada en el hielo
no hay más que una arveja
muy pequeña, redonda y verde.