domingo, 25 de mayo de 2014

POEMA APOCALÍPTICO FINAL (Alexis Figueroa, 1957)





En la escena aparece una palabra no muy grande.
Es verde claro y arranca por la selva tropical
La selva es verde oscura, está llena de ruidos.
En las alturas los pájaros se refugian en sus nidos.
Aparece otra palabra aún más grande.
"Didascalia"puede ser, o "calipigia".
(También es verde clara y contra el fondo
se distingue con gran dificultad).
Lianas, enredaderas, árboles y arbustos,
orquídeas, aborígenes, animales que dan susto.
La palabra chica arranca de la palabra grande.
Ruidos de persecución, chillido y grito.
Cae la noche lentamente en el abismo tropical.
La palabra grande atrapa a la pequeña por la pata.
La palabra grande se solaza como gato entre las ratas.
La palabra grande engulle una vocal con parsimonia,
mientras descansa echada en un tronco milenario.
La palabra grande se sienta en un escaño,
mientras mira por la tarde la TV.
(Y usa una servilleta cuadrillé).
Su digestión tiene la forma de un soneto,
derivado de las artes del panfleto.
Con un palito escarba en el cadáver de la palabra chica,
yacen letras aplastadas bajo la gigantesca pata.
Ella, indiferente, se baña en los géiseres de luna,
después se envuelve en una albina bata.
"Corten" dice el director, "todo está malo".
"No saben actuar" les asegura.
Ahora las palabras caminan abrazadas,
buscando un bar para olvidar.
Penetran en un tugurio miserable. Piden vino.
"Trae trago" dice una, "trae trago Marcelino".
Les traen un pequeño monosílabo crocante,
que la mayor coge delicadamente, con sus guantes.
(Comen en silencio: caníbales degustando un canapé).
Piden pan, más vino y ensaladas:
se sienta entre los dos una palabra con pestañas
encrespadas.
Pide fuego. Las palabras sacan fósforos.
La palabra saborea lentamente una chupada.
Más tarde las palabras sentadas a la mesa,
ríen dando muestras de embriaguez.
Han olvidado su fracaso como actores.
Y regresan muy contentas al laberinto circular.


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